Éramos
los dos sentados en un colchón azul frente a un computador. La habitación era
pequeña y la
adornaban los vestigios de una temprana mudanza. La única luz era la del cuarto contiguo, una penumbra nos acariciaba parcialmente.
Hablábamos
de nuestra vida, de lo que nos gustaba y nuestras esperanzas. La película era
la música de fondo en aquel momento infinito, donde el tiempo tomó su
sombrero y se fue, entendiendo que aquel instante era místico, sumamente especial.
No
es amor, es algo que trasciende esa barrera ¿Cuándo el mundo ha visto un par de
personas tan afines? En las discusiones no tardamos en ponernos de acuerdo,
nuestros gustos musicales son idénticos y disfrutamos de la buena literatura.
Nada podía salir mal.
-¿Ya
te tomaste la cerveza?- pregunté.
-No,
no creo que me la tome. Estoy tomando pastas, me da miedo que me brote.-
respondió.
-Si
pilla, botando la plata ¿Pastas de qué?
-Pastas
-¿Pero
de qué?, ¿Por qué no me dice?- insistí.
Un
breve silencio imperó entre nosotros. Poco a poco sentí como una pared nos
separaba.
-Estoy
planificando.
Sobre
mi mano izquierda cayó una gota de agua salada.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario